Llamamiento desde la Amazonia 

Somos todos hijos de la Tierra, nuestro Planeta, a la que no podemos traicionar sin renunciar, a la vez, a nosotros mismos. Abandonemos aquel eurocentrismo barato, el hermano legítimo del soberbio egocentrismo que nos hace creer en nuestra infalibilidad y nuestro excepcional carácter. Pues es éste sólo un camino que paulatina e imperceptiblemente conduce a los infiernos. Si bien de momento podemos sentirnos seguros y fuertes en nuestras bases, la situación recuerda cada vez más trincheras de una línea Maginot moderna, que nos impide ver los crecientes problemas globales de nuestra existencia en la Tierra. Así por ejemplo, los cambios y perturbaciones climatológicas de los últimos años advierten que todos, los del Este, Oeste, Norte o del Sur, estamos en el mismo barco en cuya cubierta superior, entre el júbilo, música y baile, unos pocos fantastas vislumbran el gigantesco iceberg debajo del costado de nuestro Titanic. Sus voces son, por ahora, un aullido del lobo solitario en el desierto al que los potentes de este Mundo aún no le prestan oído. Pero la historia humana nos enseña que a menudo los últimos son primeros, y los primeros últimos. La ufanía y la falta de humildad podrían llevar a la definitiva e irreversible traición a la Tierra.

Somos admiradores de la Selva Amazónica, conscientes de su considerable e inconfundible papel que desempeña en la economía del agua potable y oxígeno y en la formación del clima a nivel mundial. Querramos o no, los hijos de nuestros hijos valorarán la Selva cada vez más (y esperemos no se conserve sólo en parques nacionales). No nos reservemos por lo tanto a una mera admiración de sus bellezas naturales, y pongámonos desde ya a reflexionar serios sobre los valores de la Selva Pluvial de la Gran Amazonia. Los valores por los que vale la pena luchar y preservarlos, valores que hace mucho supieron comprender los habitantes autóctonos, indígenas de la Zona. Precisamente ellos son un producto natural e intrínseco de su medio natural, condicionante de la existencia de estos pueblos que, por lo mismo, jamás podrán llegar a traicionarlo. Las selvas tropicales han venido determinando su cultura, componente del patrimonio cultural del mundo, igual que lo es nuestro estilo gótico o barroco. También ellos han generado valores culturales, una civilización, ante la cual sólo los iniciados y versados quedan maravillados, con el sombrero en la mano.

Me dirijo a Ustedes en nombre de la “Gran Amazonia”, sociedad de utilidad pública, convidándoles a colaborar y a participar en el apoyo a la protección de la Selva Pluvial de la Gran Amazonia y de sus habitantes. A algunos de los interesados les “iniciaremos” en la vida de los indígenas, a otros les desvelaremos aunque sea una pequeña parte de su existencia, tan misteriosa a nuestros ojos, de una de aquellas regiones más salvajes del mundo.

Así podrán conocer un fragmento de la alegría y felicidad que mana de un comportamiento humilde en el seno de su medio natural. No pretendemos ir en busca de una mera aventura o de una vida romántica que esa parte del Mundo ofrece y atesora, sino y antes que nada, queremos reflexionar juntos sobre una causa seria que lo merece.

Con frecuencia, durante decenas de años, he estado recorriendo el paraíso amazónico, así como aquellos paisajes devastados y desolados, surcados de cicatrices que ha dejado tras sí nuestra elogiada civilización, nuestra ansiosa búsqueda del “oro de El Dorado”. ?Entonces en qué diferimos de losconquistadores, tan amenudo desprestigiados? ?De veras hemos ganado en los últimos quinientos años más experiencia, o es que tan sólo nos hemos vuelto quinientos años más astutos? La tristeza y el despecho llenan mi alma. ?Acaso puede ser éste el objetivo de nuestro esfuerzo? Un beneficio inmediato nunca ha servido y no sirve de garantía para una verdadera preservación y recuperación de la naturaleza y de nosotros mismos, ni tampoco del propio progreso. El dolor que la Madre Naturaleza sufre en ésta y en las demás regiones del mundo, con el tiempo vamos a sufrirlo en nuestras propias carnes. Así, al fin y al cabo, lo dice la mitología de todas las culturas del mundo entero. Mas entonces puede hacérsenos demasiado tarde, millones en billetes bancarios ya no nos darán para vivir, convertidos en simple papel de estraza y, para más inri, papel contaminado.

Yo, sin embargo, creo en la cordura del ser humano, escondida tal vez en los profundos recovecos de nuestro alma, y abrigo la esperanza de que el presente mensaje llegue a conducirles, a algunos de Ustedes, hacia nosotros de la misma manera cómo ya se ha conseguido en muchas otras iniciativas en diferentes partes del mundo, que buscan la armonización de nuestra civilización con nuestro medio natural, especialmente en zonas vírgenes de la Tierra, amenazadas por catástrofes de descomunal envergadura.

Esperamos a Ustedes y a su apoyo al esfuerzo de aplanar las cicatrices en la naturaleza de la Selva Pluvial Amazónica así como de aquellas originadas en sus habitantes indígenas. No es nuestra asociación una organización militar, ni tampoco hay intereses económicos o políticos de segundo plano. Somos una agrupación transparente de personas con muchos años de experiencia de campo desde la Selva Pluvial Amazónica, experiencia que hasta el momento únicamente la hemos venido adquiriendo a base de nuestro esfuerzo, una actitud humana y a partir de recursos propios. Gentes unidas por una misma idea y una aspiración común.

Con su apoyo quisiéramos abrir las puertas a la Selva Pluvial Amazónica a estudiantes e investigadores checos, especializados en materias más diversas (Medio Ambiente, Zoología, Biología, Antropología, Climatología, Hidrología, Medicina Tropical, Sociología, Filología, etc.). Otorgando becas de estancia, pretendemos dar la posibilidad a que profundicen sus estudios o actividades científicas vinculadas con esta Región, directamente en el campo. A estos efectos tenemos previsto establecer una estación de campo en el curso superior del Río Caura, en Venezuela, recuperando así, aunque sea parcialmente, los casi cien años de ventaja de expertos internacionales en temas de la Amazonia.

Presto fe a que nuestra sociedad llegue a generar dignos defensores de derechos de pueblos indígenas amazónicos y protectores de la Selva Pluvial Amazónica, también con el valioso apoyo y la implicación personal de Ustedes.

Atapana, hijo adoptado por madre Ayrika del grupo étnico Yawalapiti y padre Guñitze, chamán de la tribu Kuikuru, asentada en el curso superior del Río Xingú, en la parte brasileña de la Gran Amazonia

alias

Ichahi oshi, afiliado por Ramayo, cacique del grupo étnico Ese'ejja, establecido en la región del río Madre de Dios, en la parte peruana de la Gran Amazonia

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Victor, amigo de K´enama del grupo étnico de Cofanes, asentado a las orillas del Río Aguarico, y actualmente su cacique en la zona del Río Salcedo, en la parte ecuatoriana de la Gran Amazonia

Praga, abril 2003                                                           Mnislav Zelený